Su nombre procede del latín finis terrae, fin de la tierra; y punto final también del Camino de Santiago. La singularidad geográfica de Fisterra cautivó desde antiguo a multitud de personas que anhelaban asomar al fin del mundo, donde la tierra acaba y el mar comienza o por lo menos así lo creyeron las legiones romanas al contemplar el hundimiento del sol en sus aguas.
Antiguos geógrafos grecorromanos ubican aquí el Promontorium Neriumy el Ara Solis, el altar de culto al sol, construido por los fenicios y que el mismo Apóstol Santiago hizo destruir al poco tiempo.
La singularidad de Fisterra surge de las muchas leyendas que envuelven a estas tierras, en las que se entrelazan temas religiosos, marítimos y elementos pétreos. Entre ellas destacan la del Ara Solis, Ermita de San Guillerme, Orca Vella, Piedras Santas, Santo Cristo de Fisterra y la Ciudad de Dugium entre otras. Gracias a la memoria de las gentes de este lugar, estas leyendas siguen vivas, cautivando, junto a las maravillosas vistas que Fisterra posee, a todo aquel que se asoma a visitar el Fin del Mundo.
Antiguos geógrafos grecorromanos ubican aquí el Promontorium Neriumy el Ara Solis, el altar de culto al sol, construido por los fenicios y que el mismo Apóstol Santiago hizo destruir al poco tiempo.
La singularidad de Fisterra surge de las muchas leyendas que envuelven a estas tierras, en las que se entrelazan temas religiosos, marítimos y elementos pétreos. Entre ellas destacan la del Ara Solis, Ermita de San Guillerme, Orca Vella, Piedras Santas, Santo Cristo de Fisterra y la Ciudad de Dugium entre otras. Gracias a la memoria de las gentes de este lugar, estas leyendas siguen vivas, cautivando, junto a las maravillosas vistas que Fisterra posee, a todo aquel que se asoma a visitar el Fin del Mundo.




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