El valor de Marvão no tiene solamente que ver con el paisaje. El caserío intramuros se presenta bien conservado y parece salido de una máquina del tiempo que nos hubiera hecho retroceder dos o tres siglos. Es un enmarañado de calles pintorescas en donde, como escribía Raúl Proença en la Guía de Portugal, se multiplican las «casas apiñadas en calles estrechas y tortuosas, algunas en peldaños, con ventanas típicas y curiosas chimeneas alentejanas; arcos góticos y rincones pintorescos»

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